La alimentación es uno de los factores que
pueden ejercer una influencia significativa en el desarrollo infantil y en los
aprendizajes que ocurren en esta etapa.

Con respecto al desarrollo infantil debemos
tener en cuenta que incluso desde antes del embarazo, la futura madre deberá ir
eliminando de su dieta todas aquellas sustancias (medicación innecesaria,
cafeína, tabaco, alcohol, drogas…) que de ser consumidas durante el embarazo
pueden dañar seriamente el desarrollo del feto.

Durante el embarazo deberá preocuparse por
tener una alimentación correcta, sana y equilibrada, ya que las carencias nutricionales
durante este periodo tienen consecuencias severas en el feto, afectando al
crecimiento de éste y originando alteraciones en el sistema inmunológico.

En los programas prenatales se indica el tipo
de alimentación más adecuada para un armónico crecimiento embrionario y fetal,
cuidando especialmente aquellos alimentos y complementos nutricionales que
pueden favorecer un adecuado desarrollo cerebral.

Además, con respecto a los aprendizajes,
podemos afirmar que la alimentación juega un papel primordial en el inicio del
lenguaje oral.

Mientras comemos realizamos ejercicios de
masticación y deglución que nos permiten ejercitar los órganos que intervienen
en el habla, procurándoles la movilidad, flexibilidad, coordinación y
desarrollo necesarios para el lenguaje oral.

Por esto es tan importante que los niños/as se
vayan introduciendo en la alimentación familiar en las edades recomendadas, ya
que un retraso aquí puede significar también un retraso en el lenguaje oral.

Siguiendo las recomendaciones de la
Organización de los Estados Americanos (OEA/OEC, 2010) de la Primera infancia: “Para
un recién nacido la lactancia materna debe ser exclusiva. Es la única etapa en
la que los niños reciben todos los nutrientes de un solo alimento. La leche
materna es el mejor alimento para el bebé, y esta debe ser ingerida como
alimento único hasta los seis meses, aproximadamente. A partir de los seis
hasta los nueve meses, el bebé debe ingerir además de la leche, líquidos y papillas
más consistentes, los cuales irán aumentando gradualmente. De los nueve a los
doce meses es necesario incorporar mayor variedad de alimentos, y que estos
sean cada vez más sólidos. De los doce meses a los dos años, los niños deben ir
consumiendo lo que se prepara para la familia. A partir de los dos años, los
niños ya deben estar plenamente incorporados a la alimentación familiar”.

En holmenkollen –pedagogía infantil-
consideramos todos estos aspectos a la hora de asesorar y realizar una adecuada
estimulación.