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Sobre este blog.

Orientacion pedagogica para madres, padres y maestros.

La pequeña paz

psicología Posted on Thu, January 30, 2014 13:04:45

En días como el de hoy, en el que se nos llena la boca hablando de paz y
hacemos peticiones abstractas para el resto del año, como si fuésemos
participantes de concurso de belleza, déjenme que aproveche para rendir
mi más sincero homenaje a los que, a diario, trabajan con y por la paz.

Puede
que sea la paz con minúsculas, la alejada de los grandes gestos y las
grandes declaraciones, pero tenemos claro que de esta paz surge aquella
PAZ, esa con mayúsculas que hoy riega las redes sociales.

Alzo mi copa por las maestras que, entre el grito y la calma, eligen esta última.
También
por las directoras que confían en la máxima de que un equipo que
trabaja contento y en paz es un equipo que rinde más y que ofrece un servicio de
mayor calidad.
También por las pediatras que explican, que tranquilizan, que hablan claro y que pacifican.
No
puedo olvidarme, tampoco, de los padres y madres que tienen la casa
llena de pequeños y que, pudiendo dejarse llevar por la catástrofe y
entrar en la espiral del castigo y el berrido, dan un paso atrás,
respiran y se recomponen desde la paz de su propia respiración.
Brindo
por aquellas familias que tienen un solo hijo y que hacen de la
maternidad o la paternidad un proyecto de construcción, empeñados en
generar mejores personas, más pacientes, más pacíficas, más empáticas y
más felices.
Tengo que recordar a las familias que se informan, que
me mandan correos preguntando sus dudas, que asisten a nuestros
talleres, que consideran que tener hijos y educarlos por la paz es una labor
constante y participan en nuestra visión de que el aprendizaje es mutuo:
ellos aprenden de nosotros, nosotros aprendemos de ellos.
Me
gustaría recordar también a los tíos, tías, abuelos y abuelas que
colaboran a la paz diaria en casa. Esos que apoyan las decisiones de los
padres y aconsejan enseñando, es decir, dejando que se equivoquen, que
tomen sus propias decisiones y trabajando con sus hijos y hermanos, codo con codo,
por los nietos y los sobrinos.
También por esos vecinos que, padres o
no, forman la comunidad donde se crían nuestros hijos y les enseñan,
sobre todo con su ejemplo, valores como la paz y el apoyo mutuo.
Y
por los profesionales de atención temprana y cualquier servicio médico
que ven en un niño algo más que un paciente, que comprenden que el
proyecto de pacificación del mundo empieza en sus consultas y que no se
trata solo de aliviar el sufrimiento, sino de construir, construir,
construir y observar, satisfechos, el fruto del trabajo bien hecho.

Y, finalmente, por
los niños y niñas que llenan nuestros días. Los que nos rodean y nos dan
alegrías y disgustos. Los que nos enseñan que la paz la traemos de
serie y que es interesante no perderla, regarla bien, hacer que florezca
cuando seamos también mayores.
Y por los niños que fuimos nosotros
mismos. Por que no se nos olvide que estamos en paz y generamos paz
cuando doblamos las rodillas para ponernos a la altura de los niños,
jugar con ellos y sintonizar con quienes somos realmente.

Feliz día de la gran PAZ hoy a todos. Feliz día de la pequeña paz hoy, y mañana, y pasado…

Juan Pablo Erencia.
-psicólogo-



Niños que muerden (y II)

psicología Posted on Sun, October 13, 2013 19:09:41

Finalmente pasemos a los casos en los que hay que actuar. Se trata de niños que se enfrentan a un grado de estrés o de estímulos exagerado.
Nos encontramos, en ocasiones, con niños que han de enfrentarse a tareas (actividades, me refiero) que demandan demasiado o que no son propias de su nivel de desarrollo. Forzamos la máquina demasiado y acumulan tensión. ¿Forma de sacarla fuera? ¡Ñaca! Mordisco.

También nos encontramos con niños que están experimentando situaciones estresantes tales como peleas en casa, falta de atención por parte de la familia (lo que no significa que haya que estar todo el día con el niño pegado a las faldas o al pantalón), la llegada de un hermanito, cambios bruscos, abandono… De nuevo tenemos una pequeña ollita a presión que necesita liberarla como sea y que no encuentra mejor manera.

Como vemos, en ninguno de estos casos el niño muerde porque tenga un plan maquiavélico en la cabeza o porque odie profundamente al otro niño a quien muerde (recordad que dentro de unos minutos estarán jugando de nuevo como si nada), así que no tratemos los mordiscos como una falta gravísima que tengamos que castigar.


Vale, tío listo, entonces… ¿qué hacemos?

Claro, algo habrá que hacer, porque tampoco es cuestión de que nos enemistemos con todos los padres de todos los niños (de nuevo, el problema es de los padres, los niños se llevan bien y resuelven infinitamente mejor que nosotros, torpes gigantones con pobreza emocional aprendida).
La conducta de morder se suele esfumar con el tiempo sin necesidad de hacer nada en la inmensa mayoría de los casos pero, si queremos inmiscuirnos en el proceso, podemos bloquear con el cuerpo o incluso separar a los niños pero, por favor, no nos pongamos como unos energúmenos. Puedo decirle a mi hijo que no está bien morder, así de un modo simple, o incluso no decirle nada y simplemente apartarlo para que baje la activación, pero de verdad que montar el cirio cuando un niño muerde no ayuda.
Imagínate, se te acerca alguien y te riñe por algo que es una forma natural de expresión y que, en ocasiones (recordad la niña de la que os he hablado) es una muestra de cariño o una acción comunicativa.
Yo soy partidario de no darle demasiada importancia, si acaso bloquear o separar momentáneamente, proponer otras actividades y poco más.

En los casos más graves o cuando detectamos que es por una de las causas que os he comentado antes, es decir, acumulación de estrés, tenemos que revisar el entorno.
¿Existen condiciones estresantes? ¿Estamos presionando demasiado a nuestro hijo? ¿Ha cambiado algo muy bruscamente en la familia o el entorno? ¿Estamos nosotros y nosotras demasiado tensos?
Recordad que la primera norma que doy siempre a los padres y madres cuando quieren que trabaje algún problema con su hijo es la misma: cuidaos vosotros.
Cuando tenemos un hijo es el momento ideal para pisar el freno y cambiar a una marcha más baja. Nuestras prioridades han cambiado bastante, ¿verdad? Pues que se note.
Tener un hijo es una oportunidad para experimentar el universo con otra mirada, a otro ritmo, con más curiosidad, con más disfrute.
Si estamos sobrecargados, busquemos ayuda. La inmensa mayoría de problemas con los que trabajo cuando el paciente es un niño suele resolverse cuando trabajo con sus padres.
Solicita herramientas, dale la tabarra a tu psicólogo, pregúntale, entrevístate con él, acude a sesiones de terapia (efectivamente, no son solo para “gente loca”, también para padre y madres normales), reorganiza tu tiempo y tus actividades, aprende a ser más consciente (¿has oído hablar de la meditación? Pregúntame por ella).

Tu hijo muerde y seguramente se le pasará. A tu hijo le ha mordido un amigo y, curiosamente, sigue siendo su amigo. Juega con ellos, pasadlo bien, aprended cosas juntos y dejad que explore. Su cerebro y su cuerpo se irá encargando de lo demás.
Si ves que es más grave, por aquí andamos. ¿Te he contado que impartimos talleres?

Un fuerte abrazo y un mordisco cariñoso.



Niños que muerden (I)

psicología Posted on Sun, October 13, 2013 19:08:11

Los niños muerden. Muchos niños muerden. Si, tu hijo también. Y también le muerden los demás. Pero tu hijo muerde. Si, ese bendito angelito que no ha roto nunca un plato y que se porta tan bien, también muerde. O puede hacerlo. O puede que ya lo haya hecho.
¿Has visto lo que pasa entre dos niños que se muerden? Me refiero a lo que ocurre cuando los padres por fin nos calmamos y comprobamos que a nuestro hijo no le falta ningún trozo. Pues tras darse el mordisco, llorar un ratito como si se acabara el mundo y secarse las lágrimas con el borde de la camiseta, vuelven a jugar como si no hubiera pasado nada.
Creedme cuando os digo que el problema de los mordiscos es de los adultos, así que ahí va un poco de información y algunas cositas para hacer.


¿Por qué muerden los niños?

Hay algunos factores que hacen que un niño acabe mordiendo. Lo primero que tenemos que tener en mente es que, en la inmensa mayoría de los casos, los mordiscos son una forma de comunicarse.
Imagínate: estás rodeado de un universo inmenso, maravilloso, súper estimulante, y estás experimentando muchísimas emociones que todavía no sabes, ni de lejos, expresar.
¡Los adultos hemos inventado la poesía para poder expresar tantísimas cosas que nos resultan casi imposibles…! Pues ese niño lleno de actividad tiene que expresarla y, finalmente, hace lo que mejor sabe hacer: usar su boca y su recién estrenado cuerpo para comunicarse.
Hoy mismo, el día que escribo esto, una niña me ha mordido en un centro infantil. ¡A mí, un tipo grandote y barbudo que practica kick-boxing!
Tras analizar qué ha ocurrido antes de que me mordiera, me he dado cuenta de que estábamos corriendo por el patio un grupo de niños, entre ellos esta niña, y yo, riéndonos, haciendo ruidos, bailando, levantándolos por los aires, poniéndolos cabeza abajo para escuchar cómo se parten de risa… Esta niña estaba encantadísima. Se lo estaba pasando pipa, así que se me ha acercado, me ha agarrado muy fuerte con un abrazo y… ñaca, mordisco.

Se estaba comunicando conmigo. Era su forma primitiva e hiper directa de decirme “me lo estoy pasando genial y es gracias a ti”. Su particular forma de decirme “te quiero” o, por lo menos, “me gustas porque me lo paso bien”.

También se trata de una conducta de exploración en algunos casos. Las cosas tienen texturas, sabores, ofrecen más o menos resistencia a nuestros dientes… Y los amigos también porque, sobre todo en edades tempranas, los amigos todavía son algo parecido a juguetes que se mueven y comienzan a ser fascinantes.

Ah, bueno, y la imitación. Los niños necesitan copiar. ¿De verdad has pensado que traen tanto equipamiento de serie? Pues traen mucho, de verdad, pero, incluso así, hay que probarlo y aumentarlo. Y la mejor manera de hacerlo es imitando. No es raro tener temporadas en los centros infantiles en que “muchos niños” comienzan a morder a la vez.
¡Caramba, es que es divertido morder! ¡Pruébalo! Acércate a tu pareja o a alguien que quieras y muérdele. Apuesto lo que quieras a que tu cerebro se inunda de endorfinas y te sientes bien. Puede que no exageradamente bien pero, sé sincero, ¿no te ha gustado?
Pues eso, que lo veo hacer, lo pruebo y, para colmo, me gusta.



A jugar, a la calle

psicología Posted on Fri, April 19, 2013 13:33:43

Te propongo un juego.
Imagina que estuviéramos en un planeta extraño, rodeado de leyes físicas desconocidas, criaturas inverosímiles, territorios inexplorados y nuevos sonidos.
¿Qué es lo primero que harías?


Yo supongo que, si me pasara a mí, primero me asustaría pero, una vez superado ese momento, todo lo que querría sería investigar.
Me encanta aprender cosas, ¿sabes?
Seguro que a tu hijo o hija le ocurre lo mismo. Aprender es tan importante que sólo tienes que darte una vuelta por una ludoteca o, incluso, por un almacén de juguetes para darte cuenta de la inmensa cantidad de posibilidades a la hora de gastarte el dinero.
Puedes buscar juegos educativos adaptados para cualquier edad, de tablero, electrónicos, de formas, de colores, con sonidos…
Y es que, además, los niños pueden pasarse muchas horas jugando tranquilitos, sin que nos molesten, concentrados en sus juegos.
Y, si ya son más mayores, tenemos muchísimas actividades extra escolares para poder apuntarlos. Un poco de idiomas por aquí, un poco de kárate por allá, algo de clases para reforzar materias, alguna academia de arte, puede que ballet, tenis, fútbol y la lista sigue y sigue.
Ya pasó el tiempo en el que las empresas se centraban exclusivamente en el mercado adulto. Ahora hacen publicidades dirigidas a estimular los deseos de los más pequeños para que los padres inviertan en lo que, según estas, es el futuro del aprendizaje de nuestros hijos.
Aprender, aprender, aprender, aprender…
Pero, ¿y jugar?

No sé si todavía te acuerdas de nuestro primer juego, el que te propuse al iniciar el texto. ¿Qué pasa con nuestro planeta inexplorado? Nos está pidiendo a gritos que experimentemos y, por si no te has dado cuenta, toda experimentación es un juego.
Esos árboles tan raros necesitan que te subas a ellos. Ese líquido que podría ser agua, o no, te invita a que te zambullas cuanto antes. Mira esos colores. ¿No te apetece combinarlos con otros para ver si cambian y nos plantean una nueva posibilidad?
Es nuestra naturaleza, la de jugar para aprender. Necesitamos menos de lo que creemos todos los juegos, educativos o no, que nos proponen en la publicidad.
Sobre todo, porque puede que acaben restando tiempo para cumplir con nuestra misión, la de subirnos al árbol.

Para un niño, la tierra es un planeta por explorar. Acaban de llegar y, por supuesto, están llenos de preguntas. Y las respuestas están esparcidas por la misma naturaleza, esa que plantea las preguntas.
Las respuestas difícilmente estarán frente a un tablero, o ante una pantalla, jugando solos.

Aprender, si es lo que te interesa para tu hijo o hija, tiene que ver con moverse en el mundo real. Y esto significa sumergirse en el entorno, sobre todo el natural, y relacionarse con él. También con la gente. También contigo.

Es verdad, el dvd con juegos lo mantiene distraído, pero su cuerpo necesita moverse.
Cierto, la pantalla táctil hace que aprenda, pero la realidad compleja del mundo no tienen nada que ver con la simplificación que presentan todas las pantallas.
Correcto, jugando en casa con sus juguetes se conoce a sí mismo, pero sus necesidades van más allá y necesita, entre otras cosas, jugar contigo y jugar con otros.

No acabes viniendo a mi consulta porque el desarrollo emocional de tu hijo no es el adecuado o porque no tienes una mejor relación con él, si puedes pasar más tiempo jugando con él. ¿Puede que esté demasiado tiempo jugando solo?

Aprende tú también con él. Date un respiro y ejerce de padre o madre en el sentido más agradable del término.
Hay una sombra genial bajo ese árbol. ¿No os apetece jugar debajo?

En holmenkollen -pedagogía infantil- ofrecemos “El juego” como un taller para padres y madres donde descubrimos juntos el potencial de desarrollo que tiene este.
Pregunta por él en tu centro infantil.



Los padres “averiados”

psicología Posted on Wed, February 27, 2013 14:25:06

Todavía no me he puesto a hacer números, pero me huele a que la
proporción hijos/padres que acuden a la consulta está tremendamente
descompensada.

No es extraño que los padres concierten una sesión para intervenir
con sus hijos y que, llegados a este momento, no tengan demasiados
reparos a la hora de apretarse el cinturón si es que la salud mental (en
un sentido amplio) de su hijo o hija lo requiere.


Otra cosa es cuando revisamos la realidad familiar del niño y
comenzamos a descubrir que, por ejemplo, la madre ha estado pasando por
una mala racha emocional, o que el padre ha estado más presionado en el
trabajo de la cuenta, o que los abuelos están comenzando a cambiar sus
comportamientos por el Alzheimer.

El hijo o la hija son ahora reflejos de lo que está sucediendo en
casa y se tornan, sin querer, en un termómetro de la temperatura
emocional y funcional del hogar.

Aquí llega el problema de verdad para un terapeuta: ¿comenzamos a
trabajar con los padres para solucionar las dificultades de los hijos?

Nos topamos, entonces, con esa idea de culpa que hace pensar a
algunos/as padres/madres que, si el psicólogo les ha dicho que estaría
bien que trabajaran sus dificultades en consulta, significa que ellos
son los culpables de lo que le ocurre al niño o a la niña.

Es más, puede que se planteen que, durante la terapia, van a verse
como la parte problemática en relación con su pareja y que todos los
dedos los van a señalar como “malos padres” o “malas parejas”.

Pero en este cambio de preocupación, el terapeuta sigue con la misma
idea con la que partió cuando comenzó el trabajo: solucionar las
dificultades del hijo. Nada ha cambiado para nosotros todavía. Solo
hemos estado observando el panorama teniendo en mente el bienestar del pequeño y estamos considerando ajustes y mejoras para resolver sus dificultades.
Que
estas mejoras tienen que ver con sus padres, por supuesto, pero es que
¿no es este el entorno más importante y más influyente en un hijo cuando
todavía es pequeño?

El ambiente en casa y la salud mental de los padres (de nuevo en un
sentido amplio) pueden ser una fuente de problemas para el niño, como
muchos padres temen descubrir, pero también la herramienta más
importante para ver cómo el pequeño se va criando equilibrado y feliz.

No, tu psicólogo, cuando te dice que deberíamos trabajar con los
padres para ayudar al hijo, no está culpándote de nada. Es que sería muy
absurdo tratar a un niño o una niña como si fueran criaturas aisladas
que vienen, si acaso, con “problemas de serie”.

Escuchar las indicaciones del terapeuta y, sobre todo, proponerse
trabajar los puntos débiles y redoblar los fuertes de los padres
supondrá un empujón positivo a cualquier cosa que le esté ocurriendo a
nuestro/a hijo/a.

Si no trabajamos con los problemas que estás teniendo en tu vida
diaria, si no procuramos equilibrar juntos la salud mental y emocional
que tenemos como padres, trabajar con el/la hijo/a es pan para hoy y
hambre para mañana.

Ya sabéis que vosotros, los padres, sois el primer y más importante
modelo que ellos tienen, tanto para lo bueno como para lo menos bueno, y
sentirse bien como padres, completos como personas, equilibrados como
humanos, supondrá un alivio importantísimo para vuestro hijo y, para
colmo, le irá enseñando maneras de estar así: equilibrados, sanos,
felices.

Tu hijo lo puede estar pasando mal, de acuerdo, y por eso acudes a
consulta. Vamos a trabajarlo, pero… ¿cómo estás tú, cómo te sientes?
¿Te echamos una mano?

En holmenkollen -pedagogía infantil- sabes que cuidamos de tu hijo/a, pero también cuidamos de tí.



El científico en el recreo

psicología Posted on Fri, January 04, 2013 00:08:50

 

El profesor Richard Dawkins, en su más que interesante obra
Destejiendo el arco iris, explica una anécdota en la que se remonta a su
infancia, cuando su hermana y él fueron “engañados” por su padre y su tío
quienes, en el día de los inocentes, les vendaron los ojos, los sentaron en un
banco del jardín y levantaron este simulando el vuelo de una avioneta.

Este
movimiento, sumado al efecto de un ventilador y de unas ramas que movían su
madre y su tía, generaron la ilusión en los niños de que, en realidad, habían
“despegado” y que habían realizado un vuelo en un aeroplano que, vaya a usted a
saber por qué, sus padres tenían escondido.

Cuando revisamos esta anécdota trivial, nos podemos dar
cuenta, tal y como le ocurre al profesor Dawkins, de cuán influenciables son
los niños y de lo tremendamente crédulos que se muestran ante sus padres o ante
personas autorizadas por estos.

Es lógico si pensamos que tiene una razón
evolutiva. No es buena idea ponerse “en plan científico” si nuestros padres nos
dicen que no metamos los dedos en el enchufe. Nos conviene más, como especie,
fiarnos de ellos, ya que el probarlo por ensayo y error supondría un riesgo
demasiado alto.

Por mi parte, esta historia también me ha hecho reflexionar
sobre la importancia del juego en nuestro desarrollo y sobre cómo, durante el
mismo, estamos recibiendo y realizando un aprendizaje fundamental lleno de complejidades
y maravillas.

Cuando estamos regalando un juguete a un niño, le estamos
transmitiendo información. De esto saben mucho las estudiosas feministas que
han ampliado nuestra conciencia arrojando luz sobre cómo los roles de género
pueden inculcarse a los niños mediante la elección de juguetes. Ya saben,
camioncito para el niño, muñeca para la niña.

Asimismo, cuando nos ponemos a jugar con los pequeños
también estamos haciéndolos partícipes de todo un universo simbólico y
planteamos relaciones que, como tales, han de ser estudiadas.

Jugar con nuestros hijos es, sin duda, algo tremendamente
agradable -y, de paso, una excusa perfecta para hacer algunas payasadas que, en
un contexto adulto, no se nos permitirían-. Pero también es, sobre todo para
los profesionales y los padres que nos empeñamos en observar y preguntarnos, un
importante campo para descubrir cómo nos comunicamos con ellos, qué valores les
estamos ofreciendo, cómo se establecen los lazos afectivos y de confianza, cómo
son capaces de entender la parcela de nuestro mundo que les estamos mostrando y
cómo somos capaces -o no- de entender la parte del mundo del niño que nos están
enseñando.

Insisto muchísimo a los padres, tanto en cursos como en la
propia consulta, en que nuestra labor no es solo la de educar y cuidar, sino
también la de aprender y disfrutar.

En esto, el juego tiene un papel fundamental.

Es un muy buen momento para pasar tiempo con nuestros
pequeños y hacerlo conscientemente, es decir, reflexionando sobre cómo jugamos.

El juego del niño en solitario no es incompatible con el
tiempo que pasa jugando con sus padres o el que disfruta con sus iguales.

Observar a los niños jugar como si fueramos científicos
(ojo, no me refiero a observarlos “buscando” problemas, como en ocasiones he
encontrado a padres haciendo) nos puede aportar una información
interesantísima, aunque sea por el mero hecho de conocer un poco mejor a
nuestros hijos.

Y, por supuesto, jugar con ellos puede ser una delicia, una
excusa para soltarse –como ya he comentado-, una ocasión para fortalecer los
lazos, una escuela, un laboratorio y un libro abierto al conocimiento por parte
de ellos y de nosotros.

En los talleres sobre El juego, los profesionales de holmenkollen -pedagogía infantil- ayudamos a los padres a
sacarle un mayor partido a las actividades lúdicas, de modo que nos enriquezcan
emocional e intelectualmente.



¿Por qué NO usar castigo?

psicología Posted on Mon, December 10, 2012 10:25:56

Una conducta es cualquier cosa que una persona dice o hace.
Cuando decidimos qué comportamientos nos parecen adecuados o cuáles no en el repertorio conductual de un niño, nos planteamos si queremos que dichas conductas se mantengan, aumenten, disminuyan o desaparezcan.
A esto es lo que los psicólogos llamamos Modificación conductual.
Entre las múltiples técnicas que podemos usar para modificar la conducta de nuestros hijos, el castigo es una de las que más polémica ha generado siempre.

Al instruir a padres, cuidadores y profesionales acerca de las técnicas de modificación de conducta, hacemos hincapié en los peligros de cada una de ellas, ya que ninguna está exenta de traer problemas si no se usan correctamente.
Pues bien, cuando llegamos al castigo hemos decidido sustituir el “peligros del castigo” por un rotundo “por qué NO usar castigo”.

En primer lugar, el castigo no enseña qué hacer, es decir, no proporciona al niño una alternativa a la conducta que queremos que no se de.
Queremos, por ejemplo, que el niño deje de jugar golpeando a otros niños y, para ello, podríamos castigarlo de cualquier forma, pero seguiríamos sin ofrecerle una alternativa de juego al violento.
Asimismo, el castigo puede generar miedo e indefensión. ¿Cuántas veces hemos escuchado, si no en nuestra familia, al menos si en nuestro entorno, eso de “verás cuando llegue tu padre” o “a tu madre se lo voy a decir”?
Suelen ser frases relacionadas con la amenaza de un castigo, del tipo que sea, que hace que el niño pueda llegar a asociar a tal o cual persona con una actitud punitiva y, por tanto, desarrollar miedos o aversiones hacia ella.
Por otro lado, el castigo nos vuelve vagos. Y nos referimos al hecho de que castigar es siempre una técnica fácil de aplicar y “muy socorrida”, por lo que nos evita pensar en alternativas que, a todas luces, podrían ser mucho más constructivas y, para colmo, más efectivas.
Finalmente, el castigo es, en el mejor de los casos, igual o menos efectivo que otras técnicas basadas, por ejemplo, en el refuerzo positivo. Por tanto, nos parece una obligación ética aplicar una técnica que refuerza al niño y ayuda en la construcción de una autoestima regulada y sana en lugar de otra que puede tener tantos efectos secundarios y que no la supera en eficacia.

Por todas estas razones, en holmenkollen -pedagogía infantil- creemos firmemente en la capacidad de las técnicas de modificación de conducta basadas en el refuerzo y que tienen como base una evaluación adecuada, una planificación meditada y una ejecución correcta y que se re-evalúa para conseguir los objetivos.

Para ello, impartimos talleres para padres, madres, cuidadores/as y profesionales en los que nos centramos en reforzar todo el potencial de los niños y niñas y ayudar a aquellos implicados en su educación a desplegar todo un arsenal de herramientas efectivas y versátiles.