Cuando en alguna ocasión oímos a algún padre/madre o algún
maestro/a decir cosas a cerca de un niño como “mi niño no habla todavía pero ya
hablará”, “mi niño es que es muy activo e independiente”, “no pasa nada, es muy
pequeño todavía” o “es mejor no alertar a los padres”, nos preguntamos: ¿existe
una edad mínima para ir al médico? ¿Existe una edad mínima para la atención,
estimulación y prevención? ¿Existe alguna edad en la que los padres dejen de
preocuparse por el bienestar de sus hijos?

Las respuestas son claramente no y la diferencia está en atender a tu hijo en el
momento adecuado y de forma temprana y preventiva, o no hacerlo, asumiendo con
ello el riesgo que implica la desatención. Es como tener un pequeño bultito y
no ir al médico porque no te quieres preocupar. Ignorarlo y esperar a ver si
desaparece o se transforma en algo peor.

Por ello, el propósito de este artículo es mostrar la
importancia y la innegable necesidad de la atención, estimulación e
intervención temprana.

La estimulación temprana de los niños es más eficaz porque
su cerebro tiene mayor plasticidad.

La plasticidad cerebral “Es la capacidad adaptativa de
sistema nervioso para regenerarse anatómica y funcionalmente, después de estar
sujetas a influencias patológicas ambientales o del desarrollo” (OMS, 1982).

La publicación Primera infancia: una mirada desde la
neuroeducación
(OEA/OEC, 2010) de la
Organización de los Estados Americanos, lo explica claramente:

“Entre las más diversas investigaciones
realizadas por neurocientíficos, encontramos un consenso acerca de la
importancia de la primera infancia como un periodo de fuerte impacto en la
calidad de vida posterior de la persona, por tratarse de una etapa de
significativo crecimiento y desarrollo cerebral, en donde la alta plasticidad
que posee el cerebro permite que las experiencias vividas lo modelen tanto
estructural como funcionalmente. […]

Indudablemente, las investigaciones acerca del
desarrollo del cerebro (Gazzaniga, 2002), han demostrado que es justamente en
la primera infancia donde se asientan las bases para funciones cerebrales
superiores como la memoria, el razonamiento lógico, el lenguaje, la percepción
espacial y visual, la discriminación auditiva, entre otras. De la misma forma,
es también en la primera infancia que se construye la plataforma para el desarrollo de los talentos. Entender el
proceso de desarrollo cerebral y los principios regidos por el sistema nervioso
relacionados con el aprendizaje y la conducta, marcará una enorme diferencia en
el rol de los padres y educadores con relación al desarrollo de los talentos
[…]

Aunque el cerebro tenga zonas específicas y
capacidades innatas que abren el repertorio de las habilidades, los estudios
más recientes señalan la fuerza e influencia que el medio ejerce en el
desarrollo del ser humano. Es en la primera infancia que dichas habilidades
pueden ser aprendidas, estimuladas y refinadas; donde la plasticidad del
cerebro permitirá la conformación de una personalidad más sana y equilibrada y
se construirá una identidad positiva para las etapas futuras del desarrollo, siempre
y cuando el entorno sea adecuado.”

Por eso, en holmenkollen -pedagogía infantil- nuestros
profesionales trabajan desde la atención y estimulación temprana como base para
un desarrollo óptimo del niño.