Me viene a la cabeza una reflexión a partir de una frase que suelo escuchar mucho en las charlas con los padres con los que trabajamos, “me han dicho que mi niño/a todavía es muy pequeño, que no me preocupe” Esta frase no sólo la escuchamos en temas como la retirada del chupete y el pañal, entre otras cosas, sino en temas bastante más serios como “mi hijo/a tiene 2 o 3 años y no habla”. Dependiendo del caso, ese “vamos a esperar a que madure, hable, se relacione, mejore…” puede ser crucial para el desarrollo de nuestro niño/a.

Sin intención de ser alarmistas, puesto que esto no es lo habitual, hay determinadas situaciones o problemas que se pueden dar en los niños/as de 0 a 3 años que no deben ser pasados por alto a ver si en un futuro cambian, ya que pueden ser indicio de trastornos más graves.


Nuestra labor en los centros se basa fundamentalmente en la observación e intervención psicopedagógica con los niños/as, atentos a los distintos signos de sospecha que nos hagan ver alguna dificultad en su desarrollo. Trabajamos conjuntamente con las seños que están día a día en el aula. En nuestro trabajo diario, tenemos la posibilidad de comparar lo que son conductas habituales o más o menos frecuentes, con conductas o signos excepcionales de esas edades como niños/as que con 2 o 3 años no hablan, que no se relacionan con los demás, que no tienen intención comunicativa, que tienen dificultades de aprendizaje de los contenidos que se repiten una y otra vez, niños/as con problemas de conducta importantes, etc.

Desde nuestra experiencia creemos que, aunque cada vez hay más concienciación en este tema, ante estos casos hay que sumar esfuerzos entre todos/as, padres y profesionales (pediatras, maestros/a, psicólogos/as, pedagogos/as…) y dar la importancia que se merece a la detección precoz y a la atención o estimulación temprana como medidas para atender las dificultades en el desarrollo.

En la mayoría de los casos, ante ellas, aunque en ocasiones a los padres os desilusione que os lo comentemos, pues os gustaría escuchar “no te preocupes, ya cambiará, que es pequeño”, deciros esa respuesta no es lo más acertado, puesto que nos hace pasivos ante la situación. Es difícil encontrar un caso en el que sin estimulación se mejore totalmente con el tiempo. Se considera crucial intervenir en edades tempranas para conseguir mayores logros.

La estimulación o atención temprana es beneficiosa tanto en los casos de niños/as con algún trastorno o problema en su desarrollo, como en los casos de niños/as que no lo presentan. Por tanto es una medida preventiva y educativa para la que se emplean una serie de juegos, ejercicios, técnicas, actividades y otros recursos, que proporcionen al niño/a en sus primeros años las mejores oportunidades para su desarrollo físico, social, del lenguaje…Como padres, vuestra implicación es primordial, ya que sois el pilar fundamental en su educación. Aunque en algunos casos haya que buscar ayuda externa, con vuestra intervención se consiguen mejores resultados en la evolución de vuestros niños/as.

Desde Holmenkollen -pedagogía infantil- os podemos orientar en este proceso y en otras muchas cuestiones para que en un futuro no os tengan que decir “ya es demasiado tarde, esto se tendría que haber empezado a trabajar antes”

Mamen Urbano.
Pedagoga.