Los niños muerden. Muchos niños muerden. Si, tu hijo también. Y también le muerden los demás. Pero tu hijo muerde. Si, ese bendito angelito que no ha roto nunca un plato y que se porta tan bien, también muerde. O puede hacerlo. O puede que ya lo haya hecho.
¿Has visto lo que pasa entre dos niños que se muerden? Me refiero a lo que ocurre cuando los padres por fin nos calmamos y comprobamos que a nuestro hijo no le falta ningún trozo. Pues tras darse el mordisco, llorar un ratito como si se acabara el mundo y secarse las lágrimas con el borde de la camiseta, vuelven a jugar como si no hubiera pasado nada.
Creedme cuando os digo que el problema de los mordiscos es de los adultos, así que ahí va un poco de información y algunas cositas para hacer.


¿Por qué muerden los niños?

Hay algunos factores que hacen que un niño acabe mordiendo. Lo primero que tenemos que tener en mente es que, en la inmensa mayoría de los casos, los mordiscos son una forma de comunicarse.
Imagínate: estás rodeado de un universo inmenso, maravilloso, súper estimulante, y estás experimentando muchísimas emociones que todavía no sabes, ni de lejos, expresar.
¡Los adultos hemos inventado la poesía para poder expresar tantísimas cosas que nos resultan casi imposibles…! Pues ese niño lleno de actividad tiene que expresarla y, finalmente, hace lo que mejor sabe hacer: usar su boca y su recién estrenado cuerpo para comunicarse.
Hoy mismo, el día que escribo esto, una niña me ha mordido en un centro infantil. ¡A mí, un tipo grandote y barbudo que practica kick-boxing!
Tras analizar qué ha ocurrido antes de que me mordiera, me he dado cuenta de que estábamos corriendo por el patio un grupo de niños, entre ellos esta niña, y yo, riéndonos, haciendo ruidos, bailando, levantándolos por los aires, poniéndolos cabeza abajo para escuchar cómo se parten de risa… Esta niña estaba encantadísima. Se lo estaba pasando pipa, así que se me ha acercado, me ha agarrado muy fuerte con un abrazo y… ñaca, mordisco.

Se estaba comunicando conmigo. Era su forma primitiva e hiper directa de decirme “me lo estoy pasando genial y es gracias a ti”. Su particular forma de decirme “te quiero” o, por lo menos, “me gustas porque me lo paso bien”.

También se trata de una conducta de exploración en algunos casos. Las cosas tienen texturas, sabores, ofrecen más o menos resistencia a nuestros dientes… Y los amigos también porque, sobre todo en edades tempranas, los amigos todavía son algo parecido a juguetes que se mueven y comienzan a ser fascinantes.

Ah, bueno, y la imitación. Los niños necesitan copiar. ¿De verdad has pensado que traen tanto equipamiento de serie? Pues traen mucho, de verdad, pero, incluso así, hay que probarlo y aumentarlo. Y la mejor manera de hacerlo es imitando. No es raro tener temporadas en los centros infantiles en que “muchos niños” comienzan a morder a la vez.
¡Caramba, es que es divertido morder! ¡Pruébalo! Acércate a tu pareja o a alguien que quieras y muérdele. Apuesto lo que quieras a que tu cerebro se inunda de endorfinas y te sientes bien. Puede que no exageradamente bien pero, sé sincero, ¿no te ha gustado?
Pues eso, que lo veo hacer, lo pruebo y, para colmo, me gusta.