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Orientacion pedagogica para madres, padres y maestros.

Niños que muerden (y II)

psicología Posted on Sun, October 13, 2013 19:09:41

Finalmente pasemos a los casos en los que hay que actuar. Se trata de niños que se enfrentan a un grado de estrés o de estímulos exagerado.
Nos encontramos, en ocasiones, con niños que han de enfrentarse a tareas (actividades, me refiero) que demandan demasiado o que no son propias de su nivel de desarrollo. Forzamos la máquina demasiado y acumulan tensión. ¿Forma de sacarla fuera? ¡Ñaca! Mordisco.

También nos encontramos con niños que están experimentando situaciones estresantes tales como peleas en casa, falta de atención por parte de la familia (lo que no significa que haya que estar todo el día con el niño pegado a las faldas o al pantalón), la llegada de un hermanito, cambios bruscos, abandono… De nuevo tenemos una pequeña ollita a presión que necesita liberarla como sea y que no encuentra mejor manera.

Como vemos, en ninguno de estos casos el niño muerde porque tenga un plan maquiavélico en la cabeza o porque odie profundamente al otro niño a quien muerde (recordad que dentro de unos minutos estarán jugando de nuevo como si nada), así que no tratemos los mordiscos como una falta gravísima que tengamos que castigar.


Vale, tío listo, entonces… ¿qué hacemos?

Claro, algo habrá que hacer, porque tampoco es cuestión de que nos enemistemos con todos los padres de todos los niños (de nuevo, el problema es de los padres, los niños se llevan bien y resuelven infinitamente mejor que nosotros, torpes gigantones con pobreza emocional aprendida).
La conducta de morder se suele esfumar con el tiempo sin necesidad de hacer nada en la inmensa mayoría de los casos pero, si queremos inmiscuirnos en el proceso, podemos bloquear con el cuerpo o incluso separar a los niños pero, por favor, no nos pongamos como unos energúmenos. Puedo decirle a mi hijo que no está bien morder, así de un modo simple, o incluso no decirle nada y simplemente apartarlo para que baje la activación, pero de verdad que montar el cirio cuando un niño muerde no ayuda.
Imagínate, se te acerca alguien y te riñe por algo que es una forma natural de expresión y que, en ocasiones (recordad la niña de la que os he hablado) es una muestra de cariño o una acción comunicativa.
Yo soy partidario de no darle demasiada importancia, si acaso bloquear o separar momentáneamente, proponer otras actividades y poco más.

En los casos más graves o cuando detectamos que es por una de las causas que os he comentado antes, es decir, acumulación de estrés, tenemos que revisar el entorno.
¿Existen condiciones estresantes? ¿Estamos presionando demasiado a nuestro hijo? ¿Ha cambiado algo muy bruscamente en la familia o el entorno? ¿Estamos nosotros y nosotras demasiado tensos?
Recordad que la primera norma que doy siempre a los padres y madres cuando quieren que trabaje algún problema con su hijo es la misma: cuidaos vosotros.
Cuando tenemos un hijo es el momento ideal para pisar el freno y cambiar a una marcha más baja. Nuestras prioridades han cambiado bastante, ¿verdad? Pues que se note.
Tener un hijo es una oportunidad para experimentar el universo con otra mirada, a otro ritmo, con más curiosidad, con más disfrute.
Si estamos sobrecargados, busquemos ayuda. La inmensa mayoría de problemas con los que trabajo cuando el paciente es un niño suele resolverse cuando trabajo con sus padres.
Solicita herramientas, dale la tabarra a tu psicólogo, pregúntale, entrevístate con él, acude a sesiones de terapia (efectivamente, no son solo para “gente loca”, también para padre y madres normales), reorganiza tu tiempo y tus actividades, aprende a ser más consciente (¿has oído hablar de la meditación? Pregúntame por ella).

Tu hijo muerde y seguramente se le pasará. A tu hijo le ha mordido un amigo y, curiosamente, sigue siendo su amigo. Juega con ellos, pasadlo bien, aprended cosas juntos y dejad que explore. Su cerebro y su cuerpo se irá encargando de lo demás.
Si ves que es más grave, por aquí andamos. ¿Te he contado que impartimos talleres?

Un fuerte abrazo y un mordisco cariñoso.



Niños que muerden (I)

psicología Posted on Sun, October 13, 2013 19:08:11

Los niños muerden. Muchos niños muerden. Si, tu hijo también. Y también le muerden los demás. Pero tu hijo muerde. Si, ese bendito angelito que no ha roto nunca un plato y que se porta tan bien, también muerde. O puede hacerlo. O puede que ya lo haya hecho.
¿Has visto lo que pasa entre dos niños que se muerden? Me refiero a lo que ocurre cuando los padres por fin nos calmamos y comprobamos que a nuestro hijo no le falta ningún trozo. Pues tras darse el mordisco, llorar un ratito como si se acabara el mundo y secarse las lágrimas con el borde de la camiseta, vuelven a jugar como si no hubiera pasado nada.
Creedme cuando os digo que el problema de los mordiscos es de los adultos, así que ahí va un poco de información y algunas cositas para hacer.


¿Por qué muerden los niños?

Hay algunos factores que hacen que un niño acabe mordiendo. Lo primero que tenemos que tener en mente es que, en la inmensa mayoría de los casos, los mordiscos son una forma de comunicarse.
Imagínate: estás rodeado de un universo inmenso, maravilloso, súper estimulante, y estás experimentando muchísimas emociones que todavía no sabes, ni de lejos, expresar.
¡Los adultos hemos inventado la poesía para poder expresar tantísimas cosas que nos resultan casi imposibles…! Pues ese niño lleno de actividad tiene que expresarla y, finalmente, hace lo que mejor sabe hacer: usar su boca y su recién estrenado cuerpo para comunicarse.
Hoy mismo, el día que escribo esto, una niña me ha mordido en un centro infantil. ¡A mí, un tipo grandote y barbudo que practica kick-boxing!
Tras analizar qué ha ocurrido antes de que me mordiera, me he dado cuenta de que estábamos corriendo por el patio un grupo de niños, entre ellos esta niña, y yo, riéndonos, haciendo ruidos, bailando, levantándolos por los aires, poniéndolos cabeza abajo para escuchar cómo se parten de risa… Esta niña estaba encantadísima. Se lo estaba pasando pipa, así que se me ha acercado, me ha agarrado muy fuerte con un abrazo y… ñaca, mordisco.

Se estaba comunicando conmigo. Era su forma primitiva e hiper directa de decirme “me lo estoy pasando genial y es gracias a ti”. Su particular forma de decirme “te quiero” o, por lo menos, “me gustas porque me lo paso bien”.

También se trata de una conducta de exploración en algunos casos. Las cosas tienen texturas, sabores, ofrecen más o menos resistencia a nuestros dientes… Y los amigos también porque, sobre todo en edades tempranas, los amigos todavía son algo parecido a juguetes que se mueven y comienzan a ser fascinantes.

Ah, bueno, y la imitación. Los niños necesitan copiar. ¿De verdad has pensado que traen tanto equipamiento de serie? Pues traen mucho, de verdad, pero, incluso así, hay que probarlo y aumentarlo. Y la mejor manera de hacerlo es imitando. No es raro tener temporadas en los centros infantiles en que “muchos niños” comienzan a morder a la vez.
¡Caramba, es que es divertido morder! ¡Pruébalo! Acércate a tu pareja o a alguien que quieras y muérdele. Apuesto lo que quieras a que tu cerebro se inunda de endorfinas y te sientes bien. Puede que no exageradamente bien pero, sé sincero, ¿no te ha gustado?
Pues eso, que lo veo hacer, lo pruebo y, para colmo, me gusta.