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holmenkollen -blog-

Sobre este blog.

Orientacion pedagogica para madres, padres y maestros.

La importancia de la detección precoz

pedagogía infantil Posted on Sat, January 13, 2018 20:59:21

Me viene a la cabeza una reflexión a partir de una frase que suelo escuchar mucho en las charlas con los padres con los que trabajamos, “me han dicho que mi niño/a todavía es muy pequeño, que no me preocupe” Esta frase no sólo la escuchamos en temas como la retirada del chupete y el pañal, entre otras cosas, sino en temas bastante más serios como “mi hijo/a tiene 2 o 3 años y no habla”. Dependiendo del caso, ese “vamos a esperar a que madure, hable, se relacione, mejore…” puede ser crucial para el desarrollo de nuestro niño/a.

Sin intención de ser alarmistas, puesto que esto no es lo habitual, hay determinadas situaciones o problemas que se pueden dar en los niños/as de 0 a 3 años que no deben ser pasados por alto a ver si en un futuro cambian, ya que pueden ser indicio de trastornos más graves.


Nuestra labor en los centros se basa fundamentalmente en la observación e intervención psicopedagógica con los niños/as, atentos a los distintos signos de sospecha que nos hagan ver alguna dificultad en su desarrollo. Trabajamos conjuntamente con las seños que están día a día en el aula. En nuestro trabajo diario, tenemos la posibilidad de comparar lo que son conductas habituales o más o menos frecuentes, con conductas o signos excepcionales de esas edades como niños/as que con 2 o 3 años no hablan, que no se relacionan con los demás, que no tienen intención comunicativa, que tienen dificultades de aprendizaje de los contenidos que se repiten una y otra vez, niños/as con problemas de conducta importantes, etc.

Desde nuestra experiencia creemos que, aunque cada vez hay más concienciación en este tema, ante estos casos hay que sumar esfuerzos entre todos/as, padres y profesionales (pediatras, maestros/a, psicólogos/as, pedagogos/as…) y dar la importancia que se merece a la detección precoz y a la atención o estimulación temprana como medidas para atender las dificultades en el desarrollo.

En la mayoría de los casos, ante ellas, aunque en ocasiones a los padres os desilusione que os lo comentemos, pues os gustaría escuchar “no te preocupes, ya cambiará, que es pequeño”, deciros esa respuesta no es lo más acertado, puesto que nos hace pasivos ante la situación. Es difícil encontrar un caso en el que sin estimulación se mejore totalmente con el tiempo. Se considera crucial intervenir en edades tempranas para conseguir mayores logros.

La estimulación o atención temprana es beneficiosa tanto en los casos de niños/as con algún trastorno o problema en su desarrollo, como en los casos de niños/as que no lo presentan. Por tanto es una medida preventiva y educativa para la que se emplean una serie de juegos, ejercicios, técnicas, actividades y otros recursos, que proporcionen al niño/a en sus primeros años las mejores oportunidades para su desarrollo físico, social, del lenguaje…Como padres, vuestra implicación es primordial, ya que sois el pilar fundamental en su educación. Aunque en algunos casos haya que buscar ayuda externa, con vuestra intervención se consiguen mejores resultados en la evolución de vuestros niños/as.

Desde Holmenkollen -pedagogía infantil- os podemos orientar en este proceso y en otras muchas cuestiones para que en un futuro no os tengan que decir “ya es demasiado tarde, esto se tendría que haber empezado a trabajar antes”

Mamen Urbano.
Pedagoga.



La pequeña paz

psicología Posted on Thu, January 30, 2014 13:04:45

En días como el de hoy, en el que se nos llena la boca hablando de paz y
hacemos peticiones abstractas para el resto del año, como si fuésemos
participantes de concurso de belleza, déjenme que aproveche para rendir
mi más sincero homenaje a los que, a diario, trabajan con y por la paz.

Puede
que sea la paz con minúsculas, la alejada de los grandes gestos y las
grandes declaraciones, pero tenemos claro que de esta paz surge aquella
PAZ, esa con mayúsculas que hoy riega las redes sociales.

Alzo mi copa por las maestras que, entre el grito y la calma, eligen esta última.
También
por las directoras que confían en la máxima de que un equipo que
trabaja contento y en paz es un equipo que rinde más y que ofrece un servicio de
mayor calidad.
También por las pediatras que explican, que tranquilizan, que hablan claro y que pacifican.
No
puedo olvidarme, tampoco, de los padres y madres que tienen la casa
llena de pequeños y que, pudiendo dejarse llevar por la catástrofe y
entrar en la espiral del castigo y el berrido, dan un paso atrás,
respiran y se recomponen desde la paz de su propia respiración.
Brindo
por aquellas familias que tienen un solo hijo y que hacen de la
maternidad o la paternidad un proyecto de construcción, empeñados en
generar mejores personas, más pacientes, más pacíficas, más empáticas y
más felices.
Tengo que recordar a las familias que se informan, que
me mandan correos preguntando sus dudas, que asisten a nuestros
talleres, que consideran que tener hijos y educarlos por la paz es una labor
constante y participan en nuestra visión de que el aprendizaje es mutuo:
ellos aprenden de nosotros, nosotros aprendemos de ellos.
Me
gustaría recordar también a los tíos, tías, abuelos y abuelas que
colaboran a la paz diaria en casa. Esos que apoyan las decisiones de los
padres y aconsejan enseñando, es decir, dejando que se equivoquen, que
tomen sus propias decisiones y trabajando con sus hijos y hermanos, codo con codo,
por los nietos y los sobrinos.
También por esos vecinos que, padres o
no, forman la comunidad donde se crían nuestros hijos y les enseñan,
sobre todo con su ejemplo, valores como la paz y el apoyo mutuo.
Y
por los profesionales de atención temprana y cualquier servicio médico
que ven en un niño algo más que un paciente, que comprenden que el
proyecto de pacificación del mundo empieza en sus consultas y que no se
trata solo de aliviar el sufrimiento, sino de construir, construir,
construir y observar, satisfechos, el fruto del trabajo bien hecho.

Y, finalmente, por
los niños y niñas que llenan nuestros días. Los que nos rodean y nos dan
alegrías y disgustos. Los que nos enseñan que la paz la traemos de
serie y que es interesante no perderla, regarla bien, hacer que florezca
cuando seamos también mayores.
Y por los niños que fuimos nosotros
mismos. Por que no se nos olvide que estamos en paz y generamos paz
cuando doblamos las rodillas para ponernos a la altura de los niños,
jugar con ellos y sintonizar con quienes somos realmente.

Feliz día de la gran PAZ hoy a todos. Feliz día de la pequeña paz hoy, y mañana, y pasado…

Juan Pablo Erencia.
-psicólogo-



Niños que muerden (y II)

psicología Posted on Sun, October 13, 2013 19:09:41

Finalmente pasemos a los casos en los que hay que actuar. Se trata de niños que se enfrentan a un grado de estrés o de estímulos exagerado.
Nos encontramos, en ocasiones, con niños que han de enfrentarse a tareas (actividades, me refiero) que demandan demasiado o que no son propias de su nivel de desarrollo. Forzamos la máquina demasiado y acumulan tensión. ¿Forma de sacarla fuera? ¡Ñaca! Mordisco.

También nos encontramos con niños que están experimentando situaciones estresantes tales como peleas en casa, falta de atención por parte de la familia (lo que no significa que haya que estar todo el día con el niño pegado a las faldas o al pantalón), la llegada de un hermanito, cambios bruscos, abandono… De nuevo tenemos una pequeña ollita a presión que necesita liberarla como sea y que no encuentra mejor manera.

Como vemos, en ninguno de estos casos el niño muerde porque tenga un plan maquiavélico en la cabeza o porque odie profundamente al otro niño a quien muerde (recordad que dentro de unos minutos estarán jugando de nuevo como si nada), así que no tratemos los mordiscos como una falta gravísima que tengamos que castigar.


Vale, tío listo, entonces… ¿qué hacemos?

Claro, algo habrá que hacer, porque tampoco es cuestión de que nos enemistemos con todos los padres de todos los niños (de nuevo, el problema es de los padres, los niños se llevan bien y resuelven infinitamente mejor que nosotros, torpes gigantones con pobreza emocional aprendida).
La conducta de morder se suele esfumar con el tiempo sin necesidad de hacer nada en la inmensa mayoría de los casos pero, si queremos inmiscuirnos en el proceso, podemos bloquear con el cuerpo o incluso separar a los niños pero, por favor, no nos pongamos como unos energúmenos. Puedo decirle a mi hijo que no está bien morder, así de un modo simple, o incluso no decirle nada y simplemente apartarlo para que baje la activación, pero de verdad que montar el cirio cuando un niño muerde no ayuda.
Imagínate, se te acerca alguien y te riñe por algo que es una forma natural de expresión y que, en ocasiones (recordad la niña de la que os he hablado) es una muestra de cariño o una acción comunicativa.
Yo soy partidario de no darle demasiada importancia, si acaso bloquear o separar momentáneamente, proponer otras actividades y poco más.

En los casos más graves o cuando detectamos que es por una de las causas que os he comentado antes, es decir, acumulación de estrés, tenemos que revisar el entorno.
¿Existen condiciones estresantes? ¿Estamos presionando demasiado a nuestro hijo? ¿Ha cambiado algo muy bruscamente en la familia o el entorno? ¿Estamos nosotros y nosotras demasiado tensos?
Recordad que la primera norma que doy siempre a los padres y madres cuando quieren que trabaje algún problema con su hijo es la misma: cuidaos vosotros.
Cuando tenemos un hijo es el momento ideal para pisar el freno y cambiar a una marcha más baja. Nuestras prioridades han cambiado bastante, ¿verdad? Pues que se note.
Tener un hijo es una oportunidad para experimentar el universo con otra mirada, a otro ritmo, con más curiosidad, con más disfrute.
Si estamos sobrecargados, busquemos ayuda. La inmensa mayoría de problemas con los que trabajo cuando el paciente es un niño suele resolverse cuando trabajo con sus padres.
Solicita herramientas, dale la tabarra a tu psicólogo, pregúntale, entrevístate con él, acude a sesiones de terapia (efectivamente, no son solo para “gente loca”, también para padre y madres normales), reorganiza tu tiempo y tus actividades, aprende a ser más consciente (¿has oído hablar de la meditación? Pregúntame por ella).

Tu hijo muerde y seguramente se le pasará. A tu hijo le ha mordido un amigo y, curiosamente, sigue siendo su amigo. Juega con ellos, pasadlo bien, aprended cosas juntos y dejad que explore. Su cerebro y su cuerpo se irá encargando de lo demás.
Si ves que es más grave, por aquí andamos. ¿Te he contado que impartimos talleres?

Un fuerte abrazo y un mordisco cariñoso.



Niños que muerden (I)

psicología Posted on Sun, October 13, 2013 19:08:11

Los niños muerden. Muchos niños muerden. Si, tu hijo también. Y también le muerden los demás. Pero tu hijo muerde. Si, ese bendito angelito que no ha roto nunca un plato y que se porta tan bien, también muerde. O puede hacerlo. O puede que ya lo haya hecho.
¿Has visto lo que pasa entre dos niños que se muerden? Me refiero a lo que ocurre cuando los padres por fin nos calmamos y comprobamos que a nuestro hijo no le falta ningún trozo. Pues tras darse el mordisco, llorar un ratito como si se acabara el mundo y secarse las lágrimas con el borde de la camiseta, vuelven a jugar como si no hubiera pasado nada.
Creedme cuando os digo que el problema de los mordiscos es de los adultos, así que ahí va un poco de información y algunas cositas para hacer.


¿Por qué muerden los niños?

Hay algunos factores que hacen que un niño acabe mordiendo. Lo primero que tenemos que tener en mente es que, en la inmensa mayoría de los casos, los mordiscos son una forma de comunicarse.
Imagínate: estás rodeado de un universo inmenso, maravilloso, súper estimulante, y estás experimentando muchísimas emociones que todavía no sabes, ni de lejos, expresar.
¡Los adultos hemos inventado la poesía para poder expresar tantísimas cosas que nos resultan casi imposibles…! Pues ese niño lleno de actividad tiene que expresarla y, finalmente, hace lo que mejor sabe hacer: usar su boca y su recién estrenado cuerpo para comunicarse.
Hoy mismo, el día que escribo esto, una niña me ha mordido en un centro infantil. ¡A mí, un tipo grandote y barbudo que practica kick-boxing!
Tras analizar qué ha ocurrido antes de que me mordiera, me he dado cuenta de que estábamos corriendo por el patio un grupo de niños, entre ellos esta niña, y yo, riéndonos, haciendo ruidos, bailando, levantándolos por los aires, poniéndolos cabeza abajo para escuchar cómo se parten de risa… Esta niña estaba encantadísima. Se lo estaba pasando pipa, así que se me ha acercado, me ha agarrado muy fuerte con un abrazo y… ñaca, mordisco.

Se estaba comunicando conmigo. Era su forma primitiva e hiper directa de decirme “me lo estoy pasando genial y es gracias a ti”. Su particular forma de decirme “te quiero” o, por lo menos, “me gustas porque me lo paso bien”.

También se trata de una conducta de exploración en algunos casos. Las cosas tienen texturas, sabores, ofrecen más o menos resistencia a nuestros dientes… Y los amigos también porque, sobre todo en edades tempranas, los amigos todavía son algo parecido a juguetes que se mueven y comienzan a ser fascinantes.

Ah, bueno, y la imitación. Los niños necesitan copiar. ¿De verdad has pensado que traen tanto equipamiento de serie? Pues traen mucho, de verdad, pero, incluso así, hay que probarlo y aumentarlo. Y la mejor manera de hacerlo es imitando. No es raro tener temporadas en los centros infantiles en que “muchos niños” comienzan a morder a la vez.
¡Caramba, es que es divertido morder! ¡Pruébalo! Acércate a tu pareja o a alguien que quieras y muérdele. Apuesto lo que quieras a que tu cerebro se inunda de endorfinas y te sientes bien. Puede que no exageradamente bien pero, sé sincero, ¿no te ha gustado?
Pues eso, que lo veo hacer, lo pruebo y, para colmo, me gusta.



Tiempo para jugar

pedagogía infantil Posted on Tue, June 25, 2013 23:58:47

Llega fin de curso, el verano y las vacaciones.

Ahora que nuestros hijos/as tienen mucho más tiempo para
jugar y para aprender distintos juegos poniendo a prueba su imaginación, se
abre ante nosotros un abanico de posibilidades de observación (que no de
control) muy interesante que nos permite conocer si nuestro hijo/a evoluciona
positivamente en su desarrollo.

Una de las cosas que podemos observar es si nuestro/a hijo/a
utiliza la imitación en el juego.

La imitación es la base del aprendizaje y de la
socialización. Comienza a desarrollarse entre los cuatro y los ocho meses y se
consigue realizar la imitación diferida alrededor de los dos años.
La imitación diferida les va a permitir observar una acción
y repetirla después de un tiempo, como por ejemplo, cuando el/la niño/a nos ve
hablando por el móvil y pasado un tiempo es capaz repetirlo, es decir, lo
imita.

Otra de las cosas que podemos observar es si utiliza el
juego simbólico.

Esto se refiere a la capacidad de utilizar un objeto con
intención de que represente a otro, como puede ser: el/la niño/a que utiliza
una bola de papel a modo de pelota, una caja de cartón a modo de coche, un lápiz
a modo de micrófono, etc.
El juego simbólico comienza de forma individual y
progresivamente se transforma en un juego colectivo como ir de comprar, hacer
de maestro, jugar al doctor, etc.
Este tipo de juegos es muy importante porque el lenguaje
está presente y el niño lo estimula.

Debemos saber que jugar para los/as niños/as es vivir.
El juego fortalece los lazos de unión entre las personas que
participan. La familia es el primer contexto natural de juego del niño/a y tiene
un valor extraordinario e insustituible para él/ella.

A través del juego el/la niño/a expresará sus sentimientos,
intereses y aficiones.
El juego es uno de los primeros lenguajes del niño/a y una de
sus formas de expresión más natural.

También tiene una clara función educativa en cuanto que
ayuda al niño/a a desarrollar sus capacidades motoras, mentales, sociales,
afectivas y emocionales.
Estimula su interés, su capacidad de observación y
exploración para conocer lo que le rodea.

El juego se convierte en una forma de descubrir la realidad
a través del cual el/la niño/a va conociendo y ajustando sus conceptos sobre el
mundo.

En holmenkollen –pedagogía infantil- ofrecemos talleres para
que padres y madres conozcan el potencial que tiene el juego en el desarrollo
infantil y desarrollen toda la capacidad de éste como herramienta en la
relación con sus hijos.



Yo solo/a

pedagogía infantil Posted on Wed, June 12, 2013 00:43:50

¿Te suena? ¿se lo has escuchado a tu hijo/a?

A partir de los dos años los niños/as comienzan una nueva
etapa en su desarrollo en la que poco a poco se van independizando, comienzan a
establecer relaciones más sociales con los niños/as de su misma edad y aprenden
a jugar esperando su turno, entre otras cosas.

Es en este momento cuando podemos escucharles decir frases
tan importantes como: “mami, yo solo”.

Entonces podemos estar “tranquilos”. Esto quiere decir:
“mamá y papá, yo sé que estáis ahí para ayudarme y vigilar que no me pase nada,
pero quiero hacerlo solo, quiero aprender, necesito poner a prueba mis
capacidades y conocer mis limitaciones”.

Esto es apego sano. Soy capaz de explorar por mí mismo, sin
miedo, y sabiendo que estáis a mi lado.

“Yo solo” es importante porque, por un lado, nos muestra que
el niño/a evoluciona positivamente en su desarrollo y, por otro lado, permite
al niño ser más autónomo e independiente para alimentarse, vestirse, asearse,
prestar atención durante periodos de tiempo más largos, asumir
responsabilidades personales, es decir, actuar adaptando y regulando su propia
conducta.

Cuando sobreprotegemos a nuestros/as hijos/as
haciéndoles todo o dándoles todo, les hacemos dependientes, incapaces de
valerse por sí mismos, exigentes, no aprenden a toleran la frustación, incluso
llegan a ser agresivos como consecuencia de no haber desarrollado un
autoconcepto positivo de sí mismos.

Como padres una de las tareas que tenemos es dejarles hacer
solos.
Ellos lo demandan, lo necesitan.
Dejarles ensuciarse, caerse, experimentar, jugar, aprender,
crecer…
Esas son las cosas que hacen los niños, y lo mejor de todo
es que podemos hacerlas juntos.

Aprender a confiar en ellos, ya que en la mayoría de los
casos cuando ellos lo solicitan mediante el “yo solo” es porque previamente ya
han hecho su trabajo de observación y lo siguiente es comprobar sus
habilidades.

Y suele salir bien, suelen estar preparados. Y si no les
sale bien, estaremos para apoyarles y animarles a intentarlo una vez más
mostrándoles cómo mejorar.

Desde holmenkollen –pedagogía infantil- estimulamos a los
niños/as para lograr este objetivo: hacerles personas cada vez más autónomas,
permitiéndoles evolucionar, adaptándonos a sus ritmos y desarrollando un
autoconcepto positivo de ellos/as mismos/as.



¿Qué hace una pedagoga? (II)

pedagogía infantil Posted on Tue, June 04, 2013 00:23:11

 

En el primer artículo de esta serie hablamos acerca de que
una de las funciones de una pedagoga es evaluar el desarrollo en los niños/as
para obtener información acerca de dicho proceso.

Esto nos permite identificar si los niños/as presentan
discapacidades en alguna de las áreas del desarrollo, así como nos ayudará a
identificar los puntos fuertes y débiles de su evolución.

Una vez realizada la evaluación, la pedagoga estudia e
interpreta los resultados para ofrecer a los padres o cuidadadores y a las
maestras una información ajustada a cada caso.

Esta es la parte más esperada. Tanto los padres como las
maestras suelen estar deseando conocer el nivel de desarrollo del niño/a.

Esto es muy gratificante porque están dispuestos a modificar
su forma de trabajo y su día a día para ponerse “manos a la obra”.

Para esto la pedagoga realiza un informe de evaluación
donde, además de comunicar los resultados, orienta a la familia ofreciéndole,
si es necesario, pautas para estimular a su hijo/a en casa mediante juegos y
actividades adecuados.

A las maestras esta información les resulta de mucha
utilidad para su trabajo diario, les aclara las dudas que pudieran tener y
adaptan su forma de intervenir a las necesidades de cada niño/a.

Si el/la niño/a presenta algún tipo de dificultad en su
desarrollo y fuera necesario realizar una estimulación específica, la pedagoga
realizará un programa de desarrollo individualizado (PDI) para lograr un ajuste
óptimo.

Este momento es muy reconfortante porque en el programa
individualizado se establecen los objetivos a largo y corto plazo, materiales
educativos, criterios y procedimientos de evaluación apropiados para medir el
progreso.

Todo esto nos proporciona una línea clara de trabajo y unos
objetivos a conseguir, pudiendo realizar un seguimiento del proceso evolutivo.

Es decir, una vez realizada la evaluación, si el niño/a
muestra algún tipo de dificultad en su desarrollo comienza un plan de actuación
dirigido a recuperar las habilidades necesarias.

Los profesionales de holmenkollen –pedagogía infantil-
analizan detenidamente los resultados de las evaluaciones, realizan informes,
orientan a las familias y maestras, y desarrollan programas de desarrollo
individualizados. Buscando siempre una educación excelente.



Sin escapes

pedagogía infantil Posted on Mon, May 13, 2013 20:47:14

Ahora que está aquí el buen tiempo, llega el momento de
pensar en quitar el pañal a nuestro/a hijo/a si previamente hemos hecho un buen
trabajo.

Es conveniente saber que la mayoría de los niños logran el
control de esfínteres con el tiempo, sin embargo, la edad a la que lo consiguen
varía en función del grado de participación de padres y educadores, y en cómo
los motivemos a conseguirlo.

Una de las dudas que nos planteamos es ¿cúando es el momento
de empezar con el aprendizaje del control de esfínteres?

Pues bien, aunque debemos tener en cuenta que en niños con
algún tipo de alteración en el desarrollo la edad cronológica no puede tomarse
como indicador del nivel de maduración real, a partir de los 12 meses ya
podemos empezar a sentar al niño en el orinal o en el water de forma diaria y
a contarle mientras estamos a su lado que ahí puede hacer caca y pis. Estaremos
unos minutos y nos mostraremos contentos de que ha estado sentado un rato, independientemente
de que lo haya hecho o no.

De los 18 a los 24 meses podemos reforzar la conducta
anterior mediante juegos, como por ejemplo: cambiando a los muñecos y muñecas
porque se han hecho pis y caca y lavándolos, jugando también a ponerlos en el orinal
para que hagan pis y caca y así no se ensucien ni les pique el culito, etc.

Es importante cambiar al niño cuanto antes para
acostumbrarlo a estar limpio. Así aprende a percibir cuando está sucio, se da
cuenta de lo incómodo que es y aprende a avisar.

Si lo consideramos oportuno, podemos empezar a alternar un
rato al día entre pañal y no pañal. Ese rato estaremos pendientes del niño para
que al mojarse no nos extrañemos ni nos enfademos, sino que actuemos con
naturalidad ya que lo hemos previsto y era lo esperado.

No debemos forzar a dejar el pañal si no está preparado.

Cuanta más paciencia tengamos y menos escándalo formemos,
más fácil y más saludable será mentalmente para el niño.

A partir de los 24 meses va a ser capaz de expresar que
tiene que ir al water con antelación suficiente durante el día, y es a partir
de los 3 años cuando empieza a controlar tanto de día como de noche.

A los 4 años va solo al baño aunque suele avisar al adulto.

Hay niños que logran el control de esfinteres muy tarde o
que son recriminados durante el proceso, y que por tanto, necesitan un programa
estructurado que les facilite el aprendizaje.

En este caso en Holmenkollen -pedagogía infantil- nos
encargamos de poner en marcha estos programas, y de impartir talleres para
conseguir que los pequeños se sientan más seguros y los padres más tranquilos.
Así todos juntos pueden disfrutar del juego y del tiempo libre “sin escapes”.



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